Leyenda de San Iscle de Vallalta

Leyenda de San Iscle de Vallalta

Sant Iscle de Vallalta

Leyenda de San Iscle de Vallalta

Tiempo era tiempo, cuando por las cimas del Montenegro galopaban los centauros, faunas y sátiros, donde tenían sus cuevas y hacían el amor con oréades, dríades y ninfas, debajo de la frondosidad de los árboles y cerca de las fuentes y arroyos, compartiendo la divinidad de la montaña, todavía tenían a San Iscle un punto para recordar aquel misterio que generación tras generación se nos había ido explicando.

A unos 3 Km de la plaza del pueblo, en dirección norte-oeste, camino de Vallgorguina, bordeando un arroyo, al soto de can Maresme, pero propiedad de can Oller, se encuentra un paraje hasta hace pocos años único, donde el agua había formado un pozo y una caverna que, juntamente con la frondosidad del terreno y la espesa vegetación, le daban un aspecto esotérico. En pleno día tan solos algún pequeño rallo de sol conseguía filtrar-se entre tanta penumbra y el sitio acontecía encantador.

Allí se decía que  vivían las nuestras mujeres de agua, las ninfas de belleza indescriptible que por las noches de clara de luna rentaban su etérea ropa, extendiéndola sobre la hierba todo cantando suave y bailando sutilmente.

También tiempos eran tiempos en que los valientes pastores, teniendo cura de los rebaños, pasaban días y noches por bosques y valles y sabían de todos los abrigos de la montaña. Uno de estos pastores, joven y fornido, que descansaba una noche cerca la fresca de la riera, se despertó de golpe, atraído por unas voces dulcísimas, y embobado se fue acercando poco a poco y sin hacer ruido, hasta espiar un espectáculo nunca visto. Sorprendido y quieto contemplaba el baile de unas mujeres bellísimas, de piernas y pies desnudos, de largas melenas y envueltas de etéreos velos que agitaban voluptuosamente al compas de una música extraña y encantadora.
De entre todas, se sentía perturbado por una de ellas, que lo descubrió en su escondite, pero sin traicionarlo continuo su baile todavía más exultante. Aquella noche larga y corta a la vez inquietó al pastor, que nada mas pensaba en ello que creía un sueño y no dejaba de rondar por el mismo lugar.

Al siguiente plenilunio volvió a sentir las harmoniosas voces y volvió a ver la causa de su inciso. Corazón-robado, solo tenía ojos para ella. La mujer evolucionaba acercándose al galante, hasta que, como un soplo, acabaron huyendo por el bosque materializando su amor.
La ninfa espero un hijo que tenía que parir como engendrado por mortal, pero llegado el momento las ninfas no tenían conocimientos para ayudar a su compañera. Chillaban desesperadas por  el alrededor del gorg, cuando pasaron por el camino, sobre la hondonada, una anciana que vivía en can Patiràs, la casa más cercana, y que buenamente atendió a los lloros de aquellas exóticas mujeres.

La mujer de Can Patiràs ayudo a la joven ninfa a parir, y sus compañeras agradecidas obsequiaron la providencial llevadora llenándole el delantal con cosas que le parecían curiosas, ya que precisamente le pusieron la condición de no mirarlo hasta llegar a casa

Des de la salida del agua, sin mojarse, hasta llegar otra vez a su camino, la mujer se tocaba la falda preguntándose mil veces que podía ser. La curiosidad le gano y el desencanto le golpeo: era segó

Se lo tomo como una broma y lo tiro de aquí allí, perqué en casa en sobraba, y balbuceando siguió el camino indignada. Cuando llego, la familia se maravillaba del delantal de la anciana, ya que todas las arruguitas y pliegues donde quedaban los restos de segó, se habían convertido en oro purísimo. Cabreada volvió hacia atrás para coger el que había tirado i no encontró nada. A trompicones bajo la riera, y se lanzo al agua desesperada, donde fue engullida en castigo a su curiosidad. Otra tradición que hace acabar la leyenda asegurando que Can Patiràs siempre fue una casa de buenas

El joven pastor que atento contra las divinidades del bosque fue condenado a vagar por las montañas del Montenegro por siempre; y siempre, en las noches de luna llena, dicen que se escucha los lamentos tristes del joven enamorado buscando la querida, mientras que cerca del arroyo chilla la mujer ahogada en su codicia.
 

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